Mucho se ha dicho del imperio que viene construyendo Disney en la industria del entretenimiento desde inicios del siglo XXI, pero poco se ha comentado sobre el componente de propiedad intelectual que subyace tras las millonarias compras que le han servido para la conquista de la mencionada industria.

The Walt Disney Co., al día de hoy cuenta con el señorío de 21st Century FOX, Lucasfilm, Marvel y Pixar, y el principal estímulo que impulsó a esta compañía para ir detrás de aquellos gigantes de la industria del entretenimiento, fue en gran medida los valiosos activos intangibles de los mismos: las creaciones del intelecto y las marcas comerciales, muy por encima de la infraestructura y demás bienes materiales que se transfirieron con objeto de las compras. Tan solo 21st Century Fox, la adquisición más reciente de la compañía, costó 52.400 millones de dólares, de los cuales, el mayor porcentaje corresponde al valor de creaciones intelectuales como X-MEN, Fantastic Four, Deadpool, Los Simpsons, Avatar, entre otros, las cuales ahora podrán explotar con exclusividad.
Lo cierto es que el activo de mayor valor para esta compañía es la propiedad intelectual e industrial, consistente en derechos de autor y marcas comerciales mayormente, ya que es a través de los derechos de exclusividad de uso y explotación que proporciona el Derecho de Propiedad Intelectual, que pueden comercializarlos lucrativamente. Evidencia de esto es el valor neto de Disney el cual asciende a 130 Billones de dólares, procurados en gran medida por la explotación de dichos intangibles a través de la difusión y licenciamiento de las obras del ingenio y el
merchandising.

Una acotación interesante a traer a colación, una vez que nos hemos adentrado en los conceptos de creaciones intelectuales, de la mente y la imaginación, y siendo Disney uno de los más notables en esta materia, es que las primeras incursiones de este gigante empresarial en la creación de este universo mágico de personajes y castillos que han marcado un hito en distintas épocas, empezaron sobre los terrenos del controversial “dominio público”, es decir, tomando obras preexistentes –cuya protección expiró por el paso del tiempo- como Blanca Nieves, la Cenicienta y
La Bella Durmiente para adaptarlas a su estilo y configurar una versión propia del conocido relato de dichas féminas ya desarrollado en otras oportunidades por Los Hermanos Grimm y Perrault, por decir algunos.

Por tratarse de obras que existen desde hace muchas décadas y que por lo tanto carecen de la protección de los derechos de autor, muchos se pueden preguntar si Disney tiene autoría sobre los referidos cuentos, ya que pasaron al dominio público. La respuesta es que sí poseen derechos de autoría pero sobre las versiones propias que ellos mismos han presentado de aquellos relatos. The Walt Disney Co., por lo tanto, es titular de derechos de autor sobre estas obras derivadas, generadas por haber adaptado los referidos relatos de la forma en la que lo hicieron. Ahora bien ¿están protegidos? La respuesta es sí, están revestidas de la misma protección que tienen las obras originarias, conforme a lo que establece la Convención de Berna, pero solo sobre los elementos originales de las mismas, dentro de los cuales se pueden considerar algunos personajes y su caracterización.

Todo esto quiere decir que cualquier persona podría utilizar, sin autorización previa, la popular historia de la “cenicienta” o de “la bella durmiente” para presentarla sin infringir derechos autorales, lo que sí está prohibido es el uso sin autorización de las adaptaciones o versiones que a la misma le ha hecho The Walt Disney Co., a través de los distintos medios que lo ha hecho.

Con atención a todo lo anterior, lo más probable es que los ánimos de muchos opositores al sistema tradicional del copyright se hayan calmado al saber que Disney no tiene exclusividad sobre el uso de la historia de Cenicienta. No obstante, para aquellos prestos a la composición de una obra sobre la historia de cualquiera de estas princesas, deben tomar muy en cuenta que no podrán hacerlo -sin autorización- utilizando nombres como “La cenicienta (Cinderella)” o “Blanca Nieves (Snow White)” puesto que dichas palabras se encuentran protegidas como marcas
comerciales en diversos países del mundo a favor de The Walt Disney Company, lo que le proporciona derechos exclusivos sobre los mismos.

Esto significa que a partir de su registro puede prohibir que cualquier persona utilice ese nombre en la industria del entretenimiento, protegiendo The Walt Disney Company sus intangibles con dos clases de derechos de propiedad intelectual y restringiendo de alguna manera el desarrollo de nuevas obras relacionados con dichos relatos, al verse incapacitados de utilizar en dichas obras palabras como la “BELLA DURMIENTE” o “CENICIENTA”, por existir ya un monopolio sobre el uso y explotación de dichas palabras en el comercio.

Todo esto demuestra que The Walt Disney Company es realmente recelosa, disciplinada, y meticulosa con la protección de sus creaciones intelectuales, tanto así que ha fungido como fuerza influyente en la política legislativa norteamericana para poder lograr la extensión de la protección de los derechos de autor hasta 70 años después de la muerte del autor, en razón de un solo, pero millonario, activo intelectual, Mickey Mouse, quien estaba pronto a pasar al dominio público, y quien luego de la extensión del tiempo se le prolongó la vida hasta el 2024.

Estaremos a la expectativa ante los cambios que se vendrán suscitando en materia de propiedad intelectual, del crecimiento en la industria del entretenimiento que seguirá experimentando The Walt Disney Co., y del futuro del sello emblemático de dicha compañía, el roedor Mickey Mouse.